miércoles, 27 de julio de 2011

El columpio, un día de 1767




Un día es como un columpio. Puedes estar a punto de tocar el cielo con los dedos en tan solo un impulso, o bien, arrastrar los pies contra el suelo al descender en picado.
Fragonard captó en su lienzo justo el instante que corresponde al mejor momento que puede tener un día cualquiera.
Algo puede ir bien o de bien a mejor, si primeramente  ha sudecido algo indeseable. Si todos los días estás en lo alto, la propia idea de estar en la mejor parte de tu vida, no será así, sino simplemente algo más, algo bueno, si, pero que no se diferencia de un día cualquiera. Hay que sufrir para tener placer. Hay que pasarlo mal para poder pasarlo bien.
Podría dar mil y una razones para explicar  por qué, de los miles de millones de cuadros que ha dado la historia del arte, mi favorito sea este.
Una de ellas es la sensación que me produce al verlo. Libertad, ansias de volar, diversión, paz, amor, sensualidad, romanticismo...
Pero detrás de este cuadro hay una historia en un ambiente idealizado...que invito a buscar y leer. Una historia propia del rococó, aunque muy presente en nuestra vida del siglo XXI.


Vuela alto, corta el cielo, susurra al viento, mata al miedo, sigue recto, firme, voraz, auténtico.





lunes, 20 de junio de 2011

Y que se lo lleve el viento

Lo mejor, ignorar. Parar lo que estaba creciendo y seguir adelante. No pensar. No sentir. Olvidar. No soñar más. Mentirme.

sábado, 18 de junio de 2011

Irme lejos, sin rumbo

-Tengo un plan. Voy a comprarme una isla desierta, bueno, eso, o encerrarme en mi habitación con un montón de arena y agua salada.
-Te acabarías volviendo loca.
-Más loca me vuelvo a veces rodeada de gente.

viernes, 17 de junio de 2011

La historia que te prometí

Me encanta jugar a espiarte, pero es peligroso. 
Si sigo así no habrá vuelta atrás y, de hecho, pienso que ya no la hay.
Al mirarte furtívamente, creciéron en mi interior las promesas que no se si podré cumplir.
Una sería perderme en tus ojos cada día. Esa promesa es fácil, lo hago casi inconscientemente.
Otra de ellas, depende de ti.
Me gustaría besarte hasta no sentir mis labios. Abrazarte hasta perder el aliento y, todos los días, prometo recordar cuánto te quiero.
Lo sé, es una promesa difícil de cumplir, pero estoy dispuesta a intentarlo.
Debes tener en cuenta el valor que reuní al colocar una nota con mi nombre y mi número de teléfono en el parabrisas de tu coche. Si estoy dispuesta a eso, no hay nada que me detenga.
Aquél día, cuando me presenté ante ti como la "chica de la nota en tu coche", creí que me moriría de vergüenza y que todo era un simple capricho sin importancia, pero ahí estaban tus ojos, dándome el ánimo que necesitaba para conocerte.
Solo espero que esto siga creciendo, porque me gusta, me gustas.
Solo espero seguir admirando tus ojos, pero ahora no desde la lejanía.
Y prometerte que, cada día, estaré a tu lado.

Y los amantes saben, que sin querer siquiera, hay un amor que crece como una enredadera Jose Ángel Buesa


-Dedicado a "S"

martes, 14 de junio de 2011

Sueño de una noche de verano

Fue una historia breve, muy breve. Pero ella aún sueña con aquella noche de verano.
Reacia a estar a solas con él, pasaron las horas hablando. Charlando sobre experiencias y aspectos de la vida de cada uno. 
Las palabras fluían. Secretos inconfesionables, a cualquiera que no fuera de confianza, empezaron a surgir.
Compartieron risas, sueños, pensamientos e ideas de un presente y un futuro.
Parece un sueño, un sueño de verano, pues así fue. A la orilla de un río, rodeados de oscuridad y vegetación, solamente iluminados por la luna blanca y resplandeciente, que se reflejaba en el agua tranquila.
El tiempo corría en su contra, pues pronto se tendrían que despedir, pero no sería un adiós, para nada, solo un simple hasta luego.
Caminaron entre los árboles, hacia su casa. Seguían charlando, riéndo, confesándose.
Hasta que, al más puro estilo hollywoodense, la bombilla de una farola se fundió, haciendo que el pequeño impulso que necesitaban para besarse, se resolviera. Se unieron en un beso pasional, en uno de esos en los que se sienten tantísimas mariposas que tienes miedo de explotar en mil pedazos. Las piernas te tiemblan, pero tus labios no dejan un rincón de su boca sin explorar.
Ella vivió ese sueño de verano. Pero los sueños, sueños son, y la realidad es que, el destino, no le tenía reservado para ella.
Aún recuerda con cariño esas conversaciones y jamás podrá olvidar esos besos. Pero la vida sigue, y el amor no acabó ahí.